Durante su etapa como locutor, Toni Sánchez recuerda, entre todas las anécdotas vividas, una historia especial. Pertenece a una época muy brillante para LOS40 en la que se hacían entrevistas muy exclusivas. En concreto, a uno de los grandes iconos de la música, la artista internacional que más números uno ha conseguido en esta casa, Madonna. Así fue cómo la reina del pop abrió su hogar de Nueva York para el que hoy es el director de esta emisora.

“Fue en el año 1998, con motivo del lanzamiento de ‘Ray of Light’. Por entonces entrevistábamos a artistas actuales como Donna Summer, Bruce Springsteen, Madonna… Algunas las hacíamos en la radio y otras nos desplazábamos para realizarlas. Por ejemplo, la entrevista a Donna Summer la hicimos aquí en Madrid, a Springsteen le entrevisté en Nueva York, en el estudio donde grabó por primera vez con la E Street Band; y a Madonna, que es un icono más bestia de la música, y que quizás es el más cercano a LOS40, la entrevistamos en una de sus casas, en Nueva York.

Era en un apartamento que daba a Central Park y que estaba tan solo a dos manzanas del Edificio Dakota, donde asesinaron a John Lennon. Me resultó bastante curioso ese dato. Había un halo mágico en todo ello. Además, esa entrevista era muy exclusiva e íbamos sólo una persona de Warner y yo, la persona encargada de hacerla. Se nos exigió que todo fuera en inglés, y ahora estamos un poquito más acostumbrados, pero antes no lo estábamos tanto e ibas con ese respeto, medio miedo, por enfrentarte a ello.

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Fachada de la casa de Madonna en Nueva York (1998), un dúplex cerca de Central Park que la cantante logró al unir un apartamento de la quinta planta con otro de la sexta.

Llegas allí y ves que vas a entrar en un edificio que no es una compañía de discos, ni un local de ensayo, ni una emisora de radio. Estás entrando en la intimidad de un artista tan grande como Madonna y eso te hace estar ojo avizor y expectante por conocer cómo será esa casa, cómo vive esa mujer, cómo son ciertas cosas en ella como el sofá, por ejemplo, y en general, qué te vas a encontrar ahí.

 La casa era un dúplex. No sé si era en propiedad o era alquilada, pero era bastante grande. Nos colocaron en una sala de estar con una barra de bar en la que había unas escaleras de caracol que bajaban. En esa sala me impresionó muchísimo el hecho de que hubiera cosas que yo no había visto antes. Por ejemplo, había en una esquina una pantalla de televisión de dimensiones mastodónticas. Eso no lo había visto nunca. Pensé que era algo que sólo vendían en Estados Unidos y que sólo podía comprar gente con mucha pasta.

Luego me llamó la atención que había un cuadro en blanco y negro de Cassius Clay noqueando a un contrario. Es un cuadro muy característico, muy grande, con una fotografía muy bonita, clásica. Creo que ella lo tenía, no tanto porque le gustara el boxeo, sino más bien porque la figura de Cassius Clay, Muhammad Ali, debía ser muy inspiradora para ella. También había un Picasso. Por supuesto, eso llama mucho la atención porque no es de mentira. No es como las láminas que pudiéramos tener cualquiera en casa y dar el pego. En la sala también había una especie de futones y ahí en el suelo tirados hicimos la entrevista.

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Madonna vendió el apartamento a primeros de los 2000 (Foto: Idealista).

Primero nos atendió su manager personal, por lo que sólo éramos tres personas en la sala. No había nadie más. Hoy en día, cuando vas a hacer algunas entrevistas siempre hay más gente, un cámara, un fotógrafo…. En ese momento íbamos a hacer una entrevista de radio para LOS40, una entrevista de audio exclusivamente, nada más. Ella estuvo encantadora y muy amable en todo momento. Me impresionó porque vi que era una persona mucho más cercana y normal de lo que parecía, desprovista de todo ese halo artístico que venden las grandes figuras.

 Me percaté de que llevaba un ojo morado, pero a pesar de ello, cuando acabó la entrevista le pedí hacerme una foto con ella. Y claro, dijo que no porque tenía el ojo morado. Por aquella época se comentaba que había sido supuestamente maltratada por su chico, por entonces el cubano Carlos León, y no importó mucho que yo llevara una cámara de usar y tirar. Se dio la vuelta y se despidió, pero al segundo, se giró. Sabía que no quería nada particular con la foto, así que como compensación, me dijo, ¿te gustaría conocer a mi hija?

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La cocina del piso de abajo.

Entonces no había salido ninguna foto de Lourdes María en ningún sitio. De hecho, era una de las fotografías más buscadas del momento. Le dije que sí, así que me bajó por la escalera de caracol. La niña estaba con la nanny en una cocina, que me impresionó mucho porque en ella había una especie de mural lleno de botellas de agua. Una pared entera con todas del mismo tipo. Todo muy sano.

La niña tendría un año o un año y medio, más o menos, y prácticamente balbuceaba o decía alguna palabrita. Me la presentó y le decía: “Say Lola” (“Di Lola”) y le hacía repetir en castellano “Me llamo Lola”. Fue muy curioso que tuviera ese gesto como compensación. Ese día lo recuerdo especialmente por eso, por entrevistar a una gran artista, pero además por descubrir su cercanía y amabilidad.

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Con vistas a Central Park.

El contenido de la entrevista tampoco tenía mucho más allá. Quizás hoy haríamos algo más en profundidad, diferente, y un poco más arriesgado. Entonces íbamos un poco con la consigna de traer declaraciones que ninguna otra radio iba a tener sobre el lanzamiento de un disco. Las compañías intentaban favorecer esto además para que hablaras del nuevo trabajo de ese artista.

La vi muy humana. Muy profesional, por un lado; y muy normal, por otro. Toda la historia es curiosa porque cuando mi director, en ese momento Javier Pons, me propuso esta entrevista, por autoexigencia y miedo a hacerla en inglés, intuí que no debía ir porque la iba a liar. Sin embargo, él enseguida lo vio claro y me dijo: “Esta va a ser seguramente una de las entrevistas que más vas a recordar de toda tu vida”. Y así fue.”