“Mi querido “my friend”, me piden que escriba sobre ti para prologar un libro tuyo y se me encoge el alma porque me recuerda tu ausencia.

Ya que tú nunca acudiste a lo simple, no lo haré yo. No te puedo decir que tú nunca morirás, ni pamplinas de ese tipo. Tú y yo lo sabemos, ya no estás, pero déjame que te traiga de vuelta en esta máquina del tiempo que es la memoria de la esencia. Lo esencial del recuerdo.

 Querido Joaquín, en estos tiempos donde hay más héroes que gestas, más premios que acciones que los merezcan. En estos tiempos donde el ego de todo el mundo revolotea sobre sus logros, tratando de distraer la atención de lo verdaderamente importante; en estos días, es cuando más se te echa de menos. Hay quien nunca entendió que la verdadera “estrella de la radio” era esa persona que amaba la música por encima de todo, la comunicación y el compromiso con su disciplina. Existen (aunque siempre existieron), los que creen que ser una estrella de la radio significa alimentar un ego insaciable y oscuro… Pero tú, querido Joaquín, tú eras y siempre serás la “radio star” más grande que hemos tenido, y el más sencillo, cercano, tierno, excéntrico y maravilloso de todos.

Joaquín Luqui con el micrófono de LOS40

Te echo de menos en el aire y en el mantel y en el estudio. Echo de menos tu sorda sapiencia tímida y siempre educada. Tus secretos guardados en bolsas de plástico; tus montañas de palillos rotos en las largas sobremesas lo mismo en Venecia, que en Madrid o Londres, al abrigo de tu voz mesurada de bruma mañanera, de trigo verde, de pana gastada. Echo de menos el grito de tu escandalosa cabellera, esa nube esponjosa de cabello blanco, que a modo de cúmulo nimbo, coronaba tu sesera y se convertía en el centro de todas las miradas, como la corona de Einstein, como la de aquel científico loco que viajaba en el tiempo… pero la tuya dormía acostada en tu mesura. Así de inconexo, mi sentimiento caricato, mi nostalgia y mi apego.

Echo de menos tu complicidad sin posturas, tu sinceridad de ropero viejo, tus cruces en el pecho… Echo de menos tu pelea sorda contra lo conveniente y lo rentable en pos de lo auténtico. Echo de menos tu paracaídas de corazón bueno; tu consejo quieto, tu inquietud y tu asombro, en busca siempre de tesoros escondidos en cajones repletos de sueños. Echo de menos tu indiferencia infantil ante los espejos y ante los cristaleros, tu regate sin malicia pero certero… Hoy, aunque te reirías si te lo dijera, no te encuentro un sólo defecto…

 La primera vez que hablaste de mí en la radio yo te estaba escuchando y fue una de las sensaciones más abrumadoras de mi carrera. Tú no vendías canciones, ni artistas; tú regalabas tu intuición y los que te escuchaban sabían que no les defraudarías. Tres, dos o uno, querido Joaquín. My friend… Para mí solo habrá un número uno, tú. Pero quisiera haberte clonado, no en tres, sino en tres mil.

Quizá, si aún estuvieras aquí, muchas cosas no hubieran pasado. Quizá se mantendría intacta aquella natural dignidad con la que hacías tu trabajo. Aunque también quizá, es preferible que no hayas vivido algunas cosas, no sé. Me encantaría que todos los artistas que hoy copan las listas de nuestro país te hubieran conocido, hay algunos muy buenos y sé que sus carreras se habrían visto marcadas por tu desaliñada generosidad.

Joaquín Luqui y Fernandisco
Luqui y Fernandisco.

La música, como tú decías, puede con todo: con las crisis, no sólo la de la industria, la de la credibilidad, la del desapego de la sociedad, la de la confrontación y todos los demás ruidos. La música se hace hueco y aparecen nombres nuevos que, al menos a mí, me mantienen alerta, vivo… Y me hubiera gustado escucharte en la radio del coche descubriéndolos.

Querido Joaquín, me da un poco de rabia porque, aunque es verdad que somos muchos los que aún te recordamos con el recogimiento del agradecimiento verdadero, también es verdad que hay muchos que en las conversaciones pasan por tu nombre como de puntillitas educadas y mamonas, como fingiendo un afecto que no sienten, porque en realidad nunca te conocieron, aunque te buscaban para lo que tú y yo sabemos.

 Pero, como decía, también hay muchos que al encontrarse contigo en una frase o en algún cuento, se paran un segundo y saborean tus huellas y se les sale una nostalgia que visten de media sonrisa sin mucho acierto. Para esos amigos y para mí, tú has sido el más grande de la radio, y como una de las cosas que han cambiado es que no se puede hablar por nadie sin la presencia de un abogado o una asociación que represente a los citados, lo diré así: si por mí fuera, pondría una estatua tuya en Gran Vía 32, con un pedazo de placa que dijera: Joaquín Luqui fue el corazón de la radio. Ahí lo dejo… y dejo al mismo tiempo mi gratitud, mi amistad y mi eterno duelo al pie del silencio, y arrojo mi tristeza contra las ventanas del tiempo. My friend, mi querido quinto Beatle, mi añorado padrino del aire, te echamos de menos, mi guitarra, mi voz, mi mantel y mi palillero”.

Alejandro Sanz